No podemos concebir una oferta de vida en Cristo sin un dinamismo de liberación integral, de humanización, de reconciliación y de inserción integral (Doc. Aparecida, numeral 358).
La Comisión Pastoral de la Tierra Nacional, de la Conferencia Episcopal de Guatemala, ante la falta de acciones que vislumbren tiempos de cambio y políticas de justicia social, manifiesta nuevamente sus preocupaciones, fiel al compromiso que como discípulos de Cristo nos llama a trabajar por el desarrollo, detener la violencia, la discriminación y el racismo; así como denunciar las injusticias que se cometen contra nuestros pueblos.
Ante los últimos acontecimientos que han puesto en riesgo la vida de campesinos, turistas, autoridades, periodistas y la muerte aún no aclarado de un campesino en Izabal: la Pastoral de Tierra Nacional, rechaza categóricamente todo acto que atente contra la dignidad y vida de la persona humana; sin embargo, reconoce que el Estado es el responsable de garantizar la paz, la justicia y el desarrollo integral de la persona y que al incumplir dichos deberes, genera incertidumbre, a tal grado de recurrir a actos desesperados. Ante esto, nos parece inadecuado llamar “terroristas” a campesinos que el mismo Estado no ha podido atender, escuchar y resolver sus demandas.
Hacemos el llamado a que con voluntad y madurez, tanto el Gobierno, poderes económicos y el Movimiento Campesino, Indígena y Social, retomen los esfuerzos que por años han abordado y formulado propuestas a los diversos problemas del agro y darles soluciones duraderas e integrales; en especial en estos momentos que se está en vísperas de un nuevo proceso de diálogo entre Gobierno y actores sociales rurales.
A la población en general invitamos a no dejarse influir por aquellos juicios publicados en medios de comunicación que condenan a comunidades que han ocupado áreas protegidas, desconociendo a profundidad la complejidad del tema; si bien es cierto hay grupos de personas que impulsados por intereses económicos e inclusive ilegales, han ocupado recientemente áreas protegidas, pero, otras comunidades han estado mucho antes de que las mismas fueran declaradas como tales, lo que amerita buscar una solución integral.
La propuesta ya encaminada en el Petén de buscar políticas de convivencia con las áreas protegidas y los asentamientos humanos, constituye un ejemplo de buena voluntad y una práctica atinada a la solución de los problemas derivados de las Áreas Protegidas. Pero hay que visualizar, criticar y detener, la irresponsabilidad del desmedido crecimiento de los agronegocios, que sólo en el departamento del Petén, han ocasionado la desaparición de alrededor de 27 comunidades; sumado a ello los intereses del narcotráfico, los narcoganaderos que hacen del área rural del Norte y de otras regiones de Guatemala, una bomba de tiempo.
La Pastoral de la Tierra Nacional, exige al Gobierno no sola la pronta e insoslayable necesidad de elaborar y formular en consenso con los actores del área rural, políticas integrales de atención al campo; también valore las opiniones expresadas en consultas de Buena Fe relativas al uso de los territorios habitados por las comunidades campesinas e indígenas, quienes priorizan la protección al medio ambiente y la vida, puestas en peligro por proyectos mineros, hidroeléctricos, petroleros y otros intereses ajenos al desarrollo comunitario.
Al mismo tiempo, Pastoral de la Tierra Nacional se solidariza con el trabajo pastoral promovido por Monseñor Álvaro Ramazzini a favor de la vida, la justicia social y el desarrollo.
Que se visualicen los tiempos de cambio, que crezca la solidaridad, que haya sabiduría en el tratamiento de la conflictividad y voluntad de todos y todas, para que nuestros campos florezcan de esperanza, paz, alegría y bienestar. El campo es amigo de la ciudad y del mundo, solo quiere una mano amiga.
Comisión Pastoral de Tierra Nacional, CEG. 17 de Abril de 2008
Enviado por Amalia Velazquez desde Guatemala
No hay comentarios:
Publicar un comentario